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Nota Internacional

2025. Celíaco en Costa Rica

Ir de vacaciones a Costa Rica es un sueño que todavía no hice realidad; espero pronto visitar este hermoso país, que como destino vacacional sin duda ofrece opciones diversas (mar, montaña, termas, volcanes, selva, cultura) y geniales. No parece ser tan genial como destino gluten free, y menos para quienes allí viven y son celíacos. Me comentan también que los ticos y ticas[1] son excelentes anfitriones.



[1] Es un término coloquial para referirse a quienes habitan en Costa Rica, los costarricenses.

 

Para armar esta nota lo primero que hicimos fue contactarnos con la Asociación Pro Personas Celíacas, de la cual no tuvimos respuesta. Ellos tienen un Facebook con muy poco movimiento: el último posteo es del 23 de julio de este año, contando una serie de acciones por realizar.

Googlée e instagramée (¿se dice así?), y di con Rebeca, de @costaricasingluten, y a través de ella con Ale, de @bienestarlibredegluten. También me volví a comunicar con Ingrid Alvarado, con quien hicimos la primera nota sobre ese país allá por 2015-2016; les dejamos link al final.

 

Si bien en Costa Rica la cocina es muy natural, y hay riquísimas frutas y verduras, no es tan fácil encontrar productos sin gluten seguros para celíacos.

Los hay importados (de los Estados Unidos, España y la Argentina, principalmente), y algunos pocos de industria nacional con algún sello que indica que han sido revisados o bien por NSF (Natural Sanitation Foundation) o por Gluten Free Certified (gfco.org), entidades estadounidenses.

Es muy habitual encontrar productos que digan sin gluten, que si uno pregunta se da cuenta de que han sido elaborados sin los cuidados requeridos para que sean aptos para celíacos. Las tres entrevistadas coinciden en que muchas veces no se declaran las trazas y no se tiene cuidado en la manipulación de alimentos para evitar la contaminación cruzada. Esto pasa, por ejemplo, con las tortillas de maíz.

La comida típica es el casado, y se podría consumir si uno se asegurara de que no lleva consomé (calditos industrializados) y que ha sido preparado con los cuidados adecuados. A veces se sirve con spaghetti, pero no siempre. También el gallo pinto y las chorreadas.

 

 

Si bien el Ministerio de la Seguridad Social ha elaborado un protocolo para la atención de pacientes celíacos, su diagnóstico y seguimiento, con última actualización en 2019 (un PDF de 72 páginas que puedo compartir si alguien lo requiere), las entrevistadas aseguran que hay pocos médicos en el país que tengan en cuenta la EC, y que hay poco interés por aprender y difundir el tema. Además la atención es súper lenta: según Rebeca, puede pasar un año entre una consulta y la siguiente. Tanto ella como Ale asumieron de manera privada los costos del estudio para el diagnóstico, una cifra que supera los 500 dólares (laboratorio, biopsia y análisis genético).

Ingrid no tiene diagnóstico de EC, y decidió seguir la dieta libre de gluten a raíz de un problema de salud en el cual le sugirieron seguir esta dieta para mejorar más rápido. Se hizo el estudio genético y salió que tenía uno de los genes compatibles con la EC, y la explicación que le dieron fue que ella “debía hacer una dieta moderada sin gluten (no era necesario excluirlo totalmente) ya que su riesgo es moderado”, con lo cual Ingrid no consume gluten en su casa, y sí lo hace fuera de su casa. Por lo que sabemos, ésa no es la explicación correcta, ya que tener el gen no implica que la enfermedad se va a desarrollar.[1]

Rebeca, por su lado, tardó mucho en lograr su diagnóstico. Desde los diez años sufría malestares, bajo peso, psoriasis. Le hicieron muchos estudios, menos el de celiaquía por el alto costo. Finalmente ella por privado se los hizo, consiguió su diagnóstico y hoy se siente mucho mejor, recuperó peso y calidad de vida.

Ale es enfermera, así que ella dice que fue haciéndose los estudios que consideraba necesarios, pagándolos de su bolsillo, y de esa manera obtuvo su diagnóstico y también el de su hermana, que la estaba pasando muy mal, con problemas hepáticos, etc. Hoy ambas, diagnosticadas como celíacas, se sienten bien.

Frente a mi pregunta sobre comer afuera, Ale me responde que tiene una colección de loncheras de todos los tamaños y colores, incluso una que se conecta al auto para calentar comida. O sea que pocas veces confía en lo hecho en restaurantes, y prefiere asegurarse su comida apta.

Y por eso las tres decidieron compartir lo que saben y acompañar a otras personas celíacas en este camino: Rebeca, desde su Instagram. Ale tiene su Instagram y también difunde sobre este tema en la institución de salud donde trabaja. Ingrid fue editora de la revista Vive Gluten Free, discontinuada en pandemia y que piensa retomar en breve.

Me cuentan que también tienen grupos de WhatsApp en los cuales comparten con la comunidad información de interés sobre productos, lugares adonde ir a comer, hoteles, etc.

Según me comentan, los hoteles internacionales cuentan con opciones aptas.

En Santa Teresa, un destino de playa bastante concurrido, hay opciones: así lo mencionan en Trip Advisor. De todas maneras, se sugiere siempre consultar.

 

Es penoso pensar que debe de haber muchas personas en ese país sintiéndose mal, siendo tratadas con medicamentos por otras patologías, y quizá muchas de ellas sean celíacas.

 Rebeca me cuenta que ha intentado organizar ferias y charlas invitando a participar a profesionales de nuestro país, pero no ha logrado concretarlo debido a que no hay una asociación que respalde estas acciones.

Una vez más, conocer situaciones como las que atraviesa Costa Rica en relación con el diagnóstico y tratamiento de la EC nos lleva a valorar aun más la situación de la Argentina. Tenemos profesionales formados con excelencia, que investigan constantemente; una amplia oferta de productos que cada vez mejora más en calidad y accesibilidad; una ley, y las reglamentaciones recientes; una Asociación Celíaca que hace mucho por nosotros, y una comunidad atenta, solidaria, activa, que hace todo más fácil.

No es la panacea, pero se trata de una realidad bastante amigable para los celíacos y, como siempre digo, cada uno de nosotros puede contribuir con pequeñas acciones para seguir difundiendo, concientizando, educando a la sociedad.

Consejo: si vas de vacaciones a Costa Rica, quizá lo más razonable sea buscar un alojamiento donde puedas prepararte tu comida. Lo mejor es ir, conocer y disfrutar de ese destino tan exótico.

 

 

 

Link a la entrevista con Ingrid Alvarado en 2015: ¿Soy celíaca?

 

 



[1] Cabe señalar que tener alguno de los genes no significa tener la enfermedad (el 30 por ciento al 40 por ciento de los individuos pueden tener el gen y no ser celíacos o no desarrollar nunca la enfermedad). Entrevista al doctor Mazure: Individuos con mayor riesgo de ser celíacos


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