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Aglutenados entrevistó a Paula Cabrera, nutricionista especialista en enfermedad celíaca. Con ella hablamos de las primeras consultas tras el diagnóstico y la importancia del seguimiento nutricional.
Aglutenados: Paula, vos sos celíaca, ¿eso fue lo que te llevó a especializarte en esta enfermedad?
Paula Cabrera: En mi caso, fue al revés. Yo ya trabajaba con pacientes celíacos en el Hospital Italiano cuando tuve un episodio de dolor abdominal bastante intenso. En ese momento, la doctora Matoso, con quien trabajaba en equipo, me sugirió realizar una endoscopía, y fue allí donde se confirmó ese diagnóstico.
A.: ¡Un hallazgo! ¿El problema que tenías era producto de ser celíaca y no saberlo?
P.C.: ¡No! Lo que tenía era litiasis (piedras) en la vesícula, y terminé operándome. Yo era asintomática. Sí tenía tiroiditis de Hashimoto, que es una enfermedad autoinmune que puede estar asociada. Hoy, mirando para atrás, pude identificar algunos síntomas que quizás estaban ahí, pero en ese momento no los relacionaba. Y tampoco tenía antecedentes familiares de celiaquía.
A.: ¡Qué bien que lograste tu diagnóstico!
P.C.: ¡Exacto! Tener el diagnóstico permite empezar la dieta libre de gluten y lograr la recuperación intestinal. Y sí, siempre es mejor saberlo a tiempo para prevenir posibles complicaciones y cuidar la salud a largo plazo.
A.: Paula, ¿dónde atendés pacientes hoy?
P.C.: Luego de varios años en el Hospital Italiano, volví a Bragado, mi ciudad natal. Hoy trabajo en un centro de gastroenterología y también en NUTRIR Gluten Free, @nutrirglutenfree, un espacio que creamos junto a Victoria Caamaño —nutricionista y también celíaca—, especializado en enfermedad celíaca y trastornos relacionados con el trigo.
A.: ¿Cuándo nació NUTRIR Gluten Free?
P.C.: NUTRIR Gluten Free nació hace ya varios años con el objetivo de compartir nuestra experiencia profesional y acompañar a los celíacos a través de información confiable, contenidos educativos y asesoramiento nutricional, siempre desde una mirada cercana y empática.
A.: ¿Hiciste la certificación de la SAGE de Nutrición en Gastroenterología?
P.C.: Sí. Esa certificación se realizó por primera vez el año pasado, bajo la coordinación académica de la licenciada Constanza Echevarría y la doctora Andrea González. Fuimos seis nutricionistas quienes rendimos y aprobamos el examen, logrando este perfeccionamiento en Nutrición en Gastroenterología.
A.: Paula, ¿cómo es una primera consulta con un paciente recién diagnosticado?
P.C.: Hoy, a diferencia de años atrás, los pacientes llegan a la primera consulta más informados. En general, suelen conocer sobre la enfermedad, la dieta libre de gluten y la contaminación cruzada. Son conceptos que antes requerían varias consultas más para poder abordarlos, porque había mucha menos difusión y más desconocimiento sobre el tema.
A.: Claro, hoy hay mucha información disponible: internet, las redes, la cantidad de celíacos diagnosticados que comparten información, experiencias…
P.C.: Sí, y eso es bueno. Pero también hay mucha información que puede resultar confusa o no ser del todo correcta. Cuando alguien recibe el diagnóstico y se guía principalmente por esas fuentes, pueden aparecer conceptos erróneos. Por eso, el acompañamiento profesional es clave: educar sobre la dieta libre de gluten, brindar herramientas prácticas y también escuchar qué información trae el paciente a la consulta, para poder orientar, validar lo que está bien y aclarar aquello que no lo está.

A.: Fundamental.
P.C.: Después de las primeras consultas, el celíaco ya cuenta con herramientas e información confiable, lo que le permite adquirir más seguridad y criterio a la hora de llevar adelante su tratamiento. Para llegar a ese punto, el acompañamiento de nutricionistas y profesionales especializados resulta, en efecto, fundamental.
A.: ¿Cómo es el seguimiento con estos pacientes?
P.C.: El seguimiento se adapta mucho a cada paciente. Al inicio, las consultas suelen ser más frecuentes porque pueden surgir dudas: cómo organizar la alimentación, cómo manejar situaciones sociales, cómo evitar la contaminación cruzada, o simplemente ganar seguridad con la dieta libre de gluten. A medida que se sienten más seguros y la dieta se incorpora a la rutina, los controles se van espaciando. Además, acompañamos la evolución con estudios de laboratorio, generalmente a los seis meses y al año, para evaluar la respuesta al tratamiento.
A.: En mi experiencia fue tal cual: anemia ferropénica fuerte que hacía que todo el hemograma diera fuera de los valores de referencia. Situación que al año de dieta mejoró totalmente; me gusta decirlo siempre porque para mí fue como magia.
P.C.: La mayoría de las personas mejoran con la dieta libre de gluten: recuperan energía, mejoran síntomas y se normalizan alteraciones que pudieran existir. Aunque también hay pacientes (aproximadamente el 30 por ciento) que persisten con síntomas o no normalizan el laboratorio. Ahí es clave revisar juntos cómo viene la dieta, porque a veces hay ingestas inadvertidas de gluten que pueden estar interfiriendo en la recuperación.

A.: Para hacer esta pesquisa, ¿se manejan con un cuestionario predeterminado?
P.C.: Sí, utilizamos un cuestionario exhaustivo para evaluar la adherencia. Muchas veces, pequeños detalles explican esas transgresiones. Además es importante el control con el gastroenterólogo para evaluar la parte clínica, el laboratorio, etc. También me parece importante destacar que las últimas guías europeas ponen mucho énfasis en el seguimiento médico-nutricional y también en los aspectos psicosociales. Por eso el acompañamiento es clave: escuchar al paciente, entender sus dificultades, sus miedos, sus hábitos, y construir un espacio de confianza donde pueda sentirse acompañado.
A.: La escucha, qué importante. ¿En estas guías se menciona la hipervigilancia como un tema a tener en cuenta en la atención a pacientes celíacos?
P.C.: No es un tema mencionado en las guías. En la práctica clínica es un asunto que tenemos muy presente. El desafío está en lograr una dieta libre de gluten segura, pero sin caer en conductas extremas que terminen causando miedo, limitando la vida social o generando ansiedad.
A.: Qué difícil este tema de la hipervigilancia, ¿no? Porque si sabemos que una miga de pan puede hacernos daño, es bastante lógico que estemos, en algunas situaciones donde no podemos controlar todo, asustados.
P.C.: Sí, es completamente entendible que aparezca ese miedo. El desafío está en encontrar un equilibrio: tomar las precauciones necesarias, preguntar, organizarse y elegir lugares de confianza. Vivir con una sensación permanente de alarma también puede afectar la calidad de vida. Con el tiempo, uno también va desarrollando cierta experiencia para distinguir cuándo hay que estar más alerta y cuándo se puede compartir con tranquilidad.

A.: Como en todo, la práctica y la experiencia ayudan. Al principio es más difícil y luego lo vamos logrando. Y el acompañamiento profesional es fundamental. Así lo siento también. Muchas gracias.
Paula Cabrera
Licenciada en Nutrición (UBA).
Fue residente y jefa de residentes de Nutrición en el Hospital de Clínicas “José de San Martín”, y fue nutricionista de staff en el Hospital Italiano de Buenos Aires, integrando el equipo de Enfermedad Celíaca.
Actualmente trabaja en Bragado, en el Centro de Gastroenterología y en NUTRIR Gluten Free, @nutrirglutenfree.
Es integrante del Grupo de Estudio de Enfermedad Celíaca de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).
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