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India, un destino complicado para personas celíacas. Por suerte me animé, hice mi experiencia y salió súper. Para eso necesité informarme previamente de fuentes confiables y variadas, llevarme algunas provisiones y aceptar que tenía que alimentarme de manera segura, priorizando eso antes que deleitarme con sabores indios o dulces tentadores.

Claro que esto es personal. Es lo que a mí me funcionó: el cuidado casi extremo en los alimentos que elegía, que de todas maneras me permitió probar algunos platos de la cocina india, con sus sabores fuertes, picantes, intensos.
India toda es intensa, y la comida es parte de su cultura. Un país de colores variados y vibrantes, olores fuertes; su gente, con sus vestimentas típicas tan llamativas, esos ojos penetrantes; las figuras de dioses y diosas por doquier, un sinfín de postales para atesorar.
Apenas tomé la decisión de viajar empezó mi investigación por internet. Me contacté con la Celiac Society of India. Logré que su presidenta Ishi Khosla, nutricionista, y Anju Khosla, también miembro directivo de la asociación, accedieran a una charla virtual.
Ellas me contaron qué alimentos y condimentos debía evitar; me ofrecieron un contacto para consultar en el momento frente a dudas con alguna comida y me contaron sobre todo lo que hacen desde la asociación y los servicios que ofrecen a sus miembros. En la página hay varios lugares donde comer y comprar comida. La asociación fue fundada en 2006 y hoy cuenta con ochocientos miembros. Ishi la fundó, ella tiene un hijo celíaco que hoy ronda los treinta y siete años, Karan, con quien también hablamos.
Gagan y Harleen, de @the_celiac_couple_india, también fueron de mucha ayuda en esta investigación previaje.
Dado que iba a estar viajando en grupo y por varios lugares, ya sabía, desde el comienzo, que mis comidas serían solamente en los hoteles donde me alojara: nada de comida en la calle, y tratando de evitar restaurantes. Me contacté con cada uno de los hoteles para chequear que ofrecieran comida para celíacos.
Hice contacto por Instagram con @indianceliacfoundation, quienes muy amablemente me proporcionaron una carta para restaurantes súper exhaustiva y rigurosa, que fue mi aliada en cada uno de los hoteles donde estuve. Lo primero que hacía era mostrarles la carta, en inglés, y reforzar con algunas preguntas y frases extremas, como que si comía algo con gluten, podría tener una reacción severa en el momento. Todas las precauciones son válidas en estos casos… creo.
De tantas averiguaciones logré entender que los condimentos eran seguros, ¡por suerte!, ya que es casi imposible pedir que preparen comida sin ellos.
Si bien la primera recomendación fue que comiera solamente arroz y lentejas (rice & Dahl), encontré en las cocinas de los hoteles la posibilidad de comer algunos tipos de panqueques, sin huevo, como el Uttapam, las dosas, o los chilla pancakes, que me los preparaban especialmente en planchas limpias. Las preparaciones eran a base de arroz y lentejas fermentadas.
Por las noches, arroz, lentejas, y otras veces pescado. También había curries de cordero libres de gluten, según me informaban. Yo chequeaba que no tuvieran ninguno de los ingredientes prohibidos que figuraban en la carta, entre los cuales está el Hing, un condimento que en su versión comercial tiene trigo.

También me aseguraron que podía consumir curd (cuajada) o lassi (yogur); generalmente eran naturales, caseros. Y un buen alimento.
A esto le sumaba muchas frutas (sin cáscaras; opté por no comer uvas ni frutas que no se pudieran pelar), la infaltable banana, y huevo duro cuando había. En los hoteles sobre el Ganges no hay carne, huevo ni alcohol. Para mi pesar, encontrar palta era una odisea: se considera una fruta exótica, y sólo encontré un par en todo el viaje.
Mucho cuidado con el agua: agua mineral hasta para lavarse los dientes. Y nunca hielo. En India no solamente hay que cuidarse del gluten.
Pero llegó un día en que miraba las tortas con muchas ganas. Me había llevado chocolate amargo, pero quería algo más dulce. Ese día encontré unas galletitas de marca India, de mijo, libres de gluten y ¡súper ricas! Y en un envase espectacular, al vacío, súper seguro.
Las personas con las que hablé me contaron que el nivel de concientización y conocimiento de la enfermedad celíaca es muy bajo en India, si bien viene mejorando en los últimos años. No hay campañas desde el gobierno y tampoco se ofrece ayuda a personas de bajos recursos.
Las directivas de la asociación me contaron que se está, sí, incentivando el cultivo de mijo y otros cereales ancestrales libres de gluten y que, dado el aumento de diagnósticos, ellas estiman que el gobierno deberá encarar el tema prontamente.
Hay marcas indias de productos libres de gluten y algunos lugares gluten free. Yo, que no dediqué tiempo a buscar, casi no encontré. Una vez que tuve que cenar en el aeropuerto no encontré nada; y la segunda vez di con un lugar que ofrecía pizzas y pastas gluten free, tenía hambre y… ¡fui feliz!
También me advirtieron desde la Sociedad India de Celíacos que no confiara en cualquier producto que dijera gluten free, ya que no hay controles. También, que me abstuviera de consumir pan libre de gluten porque podría tener harina de maíz, y que ésta no es segura debido al alto riesgo de contaminación cruzada.
Un dato de color, aunque un poco inquietante: en Emirates, la aerolínea, ofrecen un menú libre de gluten súper rico. El tema es que lo denominan “gluten friendly”. ¡Error! Si fuera “gluten friendly” no podríamos comerlo; por suerte es genuinamente gluten free, o gluten free friendly. Hice el comentario al comisario del vuelo, quien me miró sorprendido y me dijo: “Makes Sense!”. Tiene sentido. Ojalá lo corrijan.
Si bien ya agradecí personalmente a cada uno, aprovecho esta nota para volver a agradecer a mis informantes. Gracias a ellos pude hacer el viaje sin sobresaltos. También a Luisina Tonda, @luisitnd, quien por Instagram me contó que había viajado a India y me compartió su experiencia.
Volví feliz, llena de colores, vivencias, experiencias, y agradecida de haber disfrutado del viaje y haberme sentido bien. Confirmé algo que ya sabía: se puede viajar y disfrutar de la vida siendo celíaco, con información, provisiones y cuidado.

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