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Peto (Mariano) Colombo es celíaco, y fue diagnosticado gracias a su madre (sí, ya les contaremos). Periodista deportivo, host y fanático de la Fórmula 1, su sueño es cubrir todas las carreras de esa competencia —que son veinticuatro al año—, viajando por el mundo. De chico fue actor; muchos lo recordarán como el hijo de Mr. Sheffield en la versión argentina de La niñera.

Aglutenados: Peto, ¿cómo es esto de que estás diagnosticado como celíaco gracias a tu madre?
Peto Colombo: El tema es que estuve varios años con problemas gastrointestinales, muy flaco. Generalmente empeoraba luego de mis vacaciones por Ecuador, Colombia, donde comía de todo, en la calle, y llegaba acá mal. Pensaba que tenía algún parásito; consultaba con infectólogos, y nada.
A.: Horrible volver de vacaciones en ese estado…
P.C.: ¡Horrible! La última vez volví además con dolores de cabeza, presión ocular, me sentía muy cansado. Me asusté mucho; soy hipocondríaco, y llegué a tener ataques de ansiedad: no entendía por qué estaba tan mal.
A.: A raíz de esto te hiciste estudios.
P.C.: Me hice de todo, y todo daba bien. Pero en ese control a nadie se le ocurrió incluir los estudios para celiaquía. Y fue ahí cuando un día mi mamá me dijo: “¿Y si sos celíaco? Vamos a pedir que te chequeen”… y ¡chan! Resultados contundentes.
A.: ¡Grande tu madre! ¿Sentiste alivio al saber qué te pasaba?
P.C.: No, la verdad es que el primer mes me sentí súper enojado, me parecía injusto tener que cambiar toda mi alimentación, no aceptaba el diagnóstico. Sin embargo, empecé a comer sin gluten. En ese momento, hace trece años, los productos no eran ricos. Comía muchísimos frutos secos.
A.: En el momento del diagnóstico ¿te explicaron acerca de la dieta, los cuidados a tener, o te sugirieron asesorarte en algún lado?
P.C.: La verdad es que no; me llevó un par de años entender bien los cuidados que tenía que tener: saber que la salsa de soja puede tener trigo… En fin…
A.: ¿Y mejoraron tus síntomas?
P.C.: A los dos meses empecé a sentirme mucho mejor, y eso me alentó a amigarme de a poco con este tipo de alimentación. Recuperé peso: quince kilos.

A.: Hoy, luego de trece años, ¿sentís que los productos mejoraron?
P.C.: Totalmente, mejoraron en calidad, en cantidad y en accesibilidad. Hoy encontrás productos en casi todos lados. Pero, por ejemplo, yo vivo en Zona Norte y no tengo disponible —como sí hay por Palermo o en La Plata— la posibilidad de pedir delivery de pizza o sushi.

A.: Sí, es cierto. También vivo por la zona, y me parece raro que no haya. En tu trabajo, cuando cubrís eventos deportivos, ¿lográs que te ofrezcan comida apta?
P.C.: En general sí, pero a veces pasa que se olvidan y me da bronca, sobre todo si es un lugar donde ya me conocen y saben. Si estoy trabajando, comer y dormir bien es fundamental. Hay lugares como el Autódromo que son muy rústicos, y no es tan fácil lograr algo apto: en general me arreglo con algún chorizo o hamburguesa apta que suelen conseguirme.
A.: ¡Claro! Y cuando te juntás con amigos, ¿cómo te manejás?
P.C.: Depende. Muchas veces vamos todos a comer hamburguesas, que por mi zona hay lugares aptos. Si nos juntamos en una casa, no me gusta cargarlos a ellos con “mi comida sin gluten”, así que por ahí me llevo algo. Ayer, por ejemplo, ellos pidieron empanadas y yo me llevé sushi apto.
A.: Perfecto. ¿Te sentís acompañado por tus amigos en esto?
P.C.: Sí, fue todo un proceso de “educarlos y explicarles y que fueran entendiendo”… y también de mi parte, de hacerme cargo. Pero sí les expliqué que en los asados mi carne no debe tocar el pan, que no soy exagerado, que así es como me tengo que cuidar. Es difícil para los no celíacos entender esto.
A.: Hoy, a casi trece años del diagnóstico, de tu primera reacción de enojo y negación, ¿cómo estás con relación a ser celíaco?
P.C.: Siento que tener que hacer esta dieta libre de gluten me ayudó a tomar conciencia sobre la alimentación en general: como mejor, como cosas que antes no comía; muchas más verduras. Me preparo los mediodías súper ensaladas, completas y riquísimas. Soy bastante metódico, y trato de cuidarme lo más posible.
A.: Y seguís viajando, yendo a eventos, mucha vida social…
P.C.: Sí. En los viajes, a veces me privo de cosas, porque depende del lugar. No siempre es fácil encontrar productos y lugares donde comer. Priorizo sentirme bien.
A.: ¿Qué te molesta de ser celíaco?
P.C.: Me molesta la falta de empatía de algunas personas, la desinformación que todavía hay en algunos lugares para comer, o en personas encargadas de caterings o restaurantes. Es como que tengo menos paciencia que al principio del diagnóstico: me cansa explicar y explicar todo el tiempo el tema, la contaminación cruzada… Por eso es que digo que me gustaría que todos fueran celíacos. Así nos entendemos, nos apoyamos y todos sabemos de qué se trata.

A.: Entiendo, a veces agota. ¿En tu familia hay celíacos?
P.C.: No. Luego de mi diagnóstico se chequearon todos y, por ahora, soy el único. Tampoco hay celíacos en mi grupo de amigos.
A.: ¿Qué es lo que más extrañás de tu vida anterior al diagnóstico? ¿Algún producto?
P.C.: Sinceramente lo que más extraño, más que una comida en particular, es la accesibilidad, la posibilidad de improvisar, pedir un delivery de lo que se me antoja y listo. Eso me gustaría.
A.: Tal cual… esa espontaneidad en relación con qué comer que los celíacos ya no tenemos. Siempre debemos organizar previamente, para no pasar hambre.
P.C.: Yo con hambre soy mi peor versión. Entreno para comer como un desgraciado.
A.: ¡Ja! Sí, yo creo que todos los celíacos con hambre somos peligrosos, ¡ja ja! Además de para los demás, para nosotros mismos. Frente a un hambre intensa, puede flaquear nuestra intención de cuidado… por eso es importante no llegar a esta instancia, y eventualmente tener siempre algo con nosotros para picotear. Las mujeres solemos tener siempre algo en la cartera; los hombres, mmm, no sé… ¿vos sos de tener siempre a mano algo apto?
P.C.: Sí, siempre tengo algo para zafar. Puede ser un alfajor, una fruta, una barrita o frutos secos. Siempre ALGO llevo.
A.: Para terminar, ¿tenés sueños con gluten?
P.C.: Sí, a veces sueño que como algo con gluten y en el mismo sueño me doy cuenta de que soy celíaco y no debería haber comido eso.
A.: Creo que nos pasa a muchos; a mí me pasa también. Peto, miles de gracias por esta entrevista y, si te copás, organizamos un VIVO en Instagram para algún día que te quede bien.
P.C: Dale, sí, ¡organizamos!

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